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Breve historia

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Si retrocedemos hasta el siglo XIX, imaginamos Zumaia como un municipio de 1.600 habitantes. En aquella época, prácticamente todos sus vecinos vivían en los caseríos de alrededor; el propio municipio solamente reunía a un tercio de la población.

En este contexto, nos acordamos de una mujer del pueblo: Patxita Etxezarreta. Patxita Etxezarreta quería que las niñas recibieran una educación (no garantizada en aquella época).


Para ello, y con la ayuda del rector de la parroquia San Antonio Abad de Bilbao, don Mariano lbarguengoitia, se puso en contacto con la Madre Superiora de las Carmelitas de la Caridad Vedruna, M. Paula Puig, para proponerle la creación de una fundación que reflejara sus intenciones. (La congregación creada por iniciativa de Joaquina de Vedruna en 1826 tenía por objeto, entre otros, ofrecer un servicio educativo a las niñas de los pequeños municipios, una educación que no recibían en aquellos tiempos).

La Fundación proporcionaría vivienda y mobiliario, así como un capital de 5.000 reales anuales para el sustento de cuatro monjas. Las monjas, a cambio de todo ello, se encargarían de difundir la educación, la cultura y la enseñanza religiosa entre los más pequeños del municipio.

Después de que ambas partes aprobaran ese convenio, el 26 de noviembre de 1871 (esto es, el día siguiente al que recibieron la autorización del obispo don Diego Mariano Alguacil) arribaron las cuatro monjas a la “Villa de Zumaia” de aquella época.

“A las 4 de la tarde les recibieron el excelentísimo representante del Ayuntamiento, el señor rector, los sacerdotes y las personas destacadas del municipio. También se congregaron allí infinidad de ciudadanos llenos de alegría y deseosos de avistar a las nuevas religiosas” (Archivo de la Asociación Religiosa).

El 4 de diciembre del mismo año abrieron oficialmente la nueva escuela, en la que se inscribieron 118 niñas.

El 14 de septiembre de 1874, la Madre Superiora M. Romaguera y la señora Patxita Etxezarreta suscribieron otro convenio, mediante el cual aceptaron a 50 niñas en la escuela, para que aprendieran euskera bajo la dirección de una monja.

En 1875 introdujeron la enseñanza prescolar, en la que se inscribieron alrededor de 90 niñas. Antes de finalizar este siglo, también organizaron la pensión para el alumnado. Conforme a lo que establecía la normativa, recibían con “dulzura y convencimiento” en la pensión a quienes se hospedaban.

Desde entonces, y tras haber hecho frente a todos los incidentes de la historia, el Colegio Maria eta Jose ha continuado ofreciendo a este municipio una educación de calidad, sosteniendo firmemente siempre una perspectiva humanista.

En una época, el Colegio Maria eta Jose también disponía de un internado y una residencia de media pensión para ayudar a las familias de pueblos colindantes, dado que de otro modo les era muy difícil escolarizar a sus hijos e hijas. Sin embargo, más adelante, a medida que desaparecieron esas dificultades, dejaron de ofrecer esos servicios para organizar otros.

En el primer aniversario del colegio, en 1971, para satisfacer el incesante deseo de adecuación y acondicionamiento, trasladaron el colegio al actual edificio; edificio que precisamente fue diseñado por don Peña Gantxegi.

Siguiendo con nuestro deseo de innovar, y con miras al futuro, en nuestro municipio ofrecemos una educación de 0 a 18 años en euskera.

Además de agradecer los esfuerzos de Patxita Etxezarreta y la respuesta de M. Paula en 1871, también debemos dar las gracias a tantas y tantas generaciones cuya permanente labor durante estos años ha resultado en lo que ahora somos. A nuestras manos ha llegado el testigo, y con su ayuda continuamos adelante.