El niño cuando se siente seguro, es capaz de ser, estar, jugar, comer y  de adquirir, algo tan intimo y privado como es el sueño.

Les ofrecemos TODO para su juego, tras haber experimentado incansablemente con TODO lo habido y por haber, nos dimos cuenta de que realmente, para jugar, no hacía falta NADA, Tan solo seguridad emocional y física, para que ese juego innato aflore.

Ayer los rayos del sol nos regalaron este reflejo tan peculiar.