Una montaña de sal, recipientes suspendidos del techo, luz y texturas en el espacio.

Un vacío dispuesto a ser llenado, transformado e inundado de placer. Ese placer por descubrir, por hacer y observar lo que se es capaz de hacer. El placer de repetir la misma acción una y otra vez o de inventar y resignificar el espacio.

Con este micro-taller, de nuevo surge la esencia de la infancia: el movimiento, la imaginación, la risa y la quietud.
¡En Zumaiena surge como en cada lugar donde a la infancia se le permite ser!